miércoles, diciembre 17, 2008

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Sentada en la escalera, mirando como el viento acaricia levente la copa de un árbol que se colorea de un tenue amarillo gracias a la luz artificial de un foco que no alcanzo a distinguir; y el susurro de una canción lejana que no alcanzo a descifrar; y las lucecitas de los faroles de todos lados adorando la vista aérea, el fío que cede y me autoriza a fumar cubierta a penas con un saco delgado de lana; y un árbol de navidad saludándome desde la ventana de la casa de enfrente, con ruido danzando a mi alrededor, y silencio en mi pensamiento.

Te escribo. en realidad no esperando respuesta alguna. Creo que si, que si te extraño, que si me gustaría estar de nuevo en tu escalera, sentada, soportando el fío con un sarape rodeándonos, y mi brazo derecho de tras de tu espalda para que alcances a cubrirte también, y mi mano izquierda haciendo un nudo, evitando chocar con tus tibias manos, para no provocarte la típica reacción al frío, y platicando de cualquier cosa, recargando mi cabeza en tu hombro, mientras clavas tu mirada en el asfalto, evadiendo la cercanía estando tan cerca, sin poder evitarlo en realidad.

Si extraño tu delgada figura, tus ojos inmensamente verdes, tus pestañas acortadas por la explosión aquella, tu voz rasposa y tierna, tu sonrisa adornada por ese hueco, los pliegues que se te forman a un costado de los ojos, tu risa, tu diciéndome que en realidad no te conozco, tu, a quien le cuento a la Sabina, de una amante inoportuna que se llama soledad.

Cuando uno piensa distinto, sin intentar comprender a los demás.

Y concluyo. Si, te extraño

lunes, diciembre 08, 2008

Regalo de navidad para mi











Misgard